Discusión: Lyanna Ancalime
Ver post
  #4 (permalink) Old 22-abr-2008, 07:28
Baenre
Junior Member
 
Registrado: abril-2008
Edad: 21
Posts: 5
Rep Power: 0
Baenre , por ahora es muy neutro
Predeterminado Re: Lyanna Ancalime

Capitulo IV: Imposible que seas una santa.

a. La promesa bajo el árbol.


El corazón de Lyanna latía fuertemente y el calor de su cuerpo se elevaba gradualmente, la habitación semi-oscura describía la figura desnuda de Meiro-chan gateando sobre la cama hacia su lado, extendiendo su brazo izquierdo, Lyanna entrelazó los dedos con los de Meiro, mientras su brazo derecho atraía la cabeza de la elfa oscura hacia ella. La distancia justa entre ambas ocasionó la union de sus labios, dando así comienzo otra vez al juego de seducción al que discretamente y frecuentemente se acostumbraron.

Para ellas, por el momento, el conocimiento publico de su relación no era lo adecuado, no solo por las implicaciones sociales que tendría el saber que una hija de Einsahad y una de Eva comparten mas que un techo, alejándose de los estándares sociales y de moral tolerables, sino el hecho de que eso afectaría al mentor de Meiro-chan, Itsuhiko-kun y su familia, serían acusados por todo Gludio de promover un comportamiento deshonroso y caerían en desgracia, podrían perder sus puestos en la guardia local y ser desterrados de la ciudad.
Por fortuna, ambas anteponían el bienestar y la gratitud hacia la familia humana antes que su egoísmo y el deseo carnal.
Encontraron en el secretismo, algo excitante, el constante riesgo de ser halladas juntas en una situación comprometedora, era una llama que encendía la creatividad en la relación y ocasionalmente probaban cosas nuevas para evitar caer en la rutina en la que cualquier pareja descuidada y estable caería.
Pero todo esto era solo un matiz mas en el punto central de la cuestión, ambas se aman puramente, con una entrega total, ambas morirán intentando salvar a la otra, ambas sienten el dolor y la ofensa que se les profiere, y desearían poder defenderse socialmente fuera del ámbito de las espadas y la magia, pero podría levantar sospechas, ya que ambas comparten una pasión y elocuencia extrema cuando de defender a los que mas quieren se trata.

Volvamos ahora a la habitación, esta no tiene lujos considerables, es una simple habitación de taberna, con puertas con bisagras vencidas, un suelo de madera que cruje a cada paso y que en este momento se encuentra bañado solamente en el resplandor violáceo de la luna, penetrando dificultosamente las cortinas que han cerrado para mas privacidad, en el aire un perfume de una tonalidad dulce envuelve la habitación, gracias a los inciensos encendidos sobre una pequeña mesa, potenciado también por pétalos de rosas extendidos sobre la cama.
Verdaderamente, la habitación pertenecía a una taberna, en una ciudad llamada Gludio en Aden, pero cuando esa habitación se convertía en el lugar de intimidad de ambas, Aden, Gludio y la taberna parecían desaparecer para ellas un buen tiempo, convirtiéndose en un mundo donde los prejuicios, la religión, la sociedad y la guerra no existían, su propio mundo, el que no desean abandonar, y que forzosamente debían hacerlo, para poder mantener así la esperanza de nuevamente incursionar en el mundo perfecto, que las esperaba a ellas.

Pero para llegar a este punto, Lyanna tuvo que superar los prejuicios establecidos en su mente, junto con las normas de moralidad que desde pequeña sus tutores le metían en la cabeza. Para una hija de noble estirpe de héroes de guerra, condecorados y caídos en batalla no quedaba mas que honrar a sus padres convirtiéndose en una Santa de Eva y vivir mas allá de los deseos carnales y dedicar su vida a Eva, y solo a Eva, era lo correcto.
La relación con Román hacía tiempo atrás había sido conflictiva y letal, ocasionando la muerte de ambos por un agente externo, un elfo oscuro, al que ella y Meiro habían dado caza.
Aunque Lyanna había afirmado que el luto había pasado, la caótica reacción de Meiro había vuelto a abrir el corazón de la elfa, que había decidido endurecer para siempre. Nuevamente se encontraba ante un pretendiente, en este caso, de una raza distinta, y de su mismo sexo. Si la relación con Román había causado tanta conmoción en la sociedad elfica, aceptar la confesión de Meiro sería peligrosamente fallar a lo que se esperaba socialmente de ella y su futuro como Santa de Eva.

Ahora sin más preámbulos pasaré a relatar “La Promesa del Árbol”, la primer parte del Capitulo IV.

La noche había pasado hace unas cuantas horas, pero las amantes todavía descansaban en la habitación, el primer rayo de luz solar entró y se posó sobre la retina de Lyanna, despertándola suavemente.
Lyanna abrió lentamente los ojos, primero escuchó una pequeña respiración, y observó a Meiro durmiendo a su lado, abrazada a ella, con gran serenidad.
Sonriendo acarició los cabellos de la elfa oscura y se acercó suavemente a su oreja y le susurró: “Meiro, debes despertar, hoy es el día, y debemos ir lo mas rápido posible”. Meiro, un tanto dormida, suspiró y lanzó como un pequeño ronroneo y se abrazó aun mas a Lyanna y balbuceó: “Pero se está tan bien así… ¿Debemos ir si o si?”
La elfa de luz rió levemente y le dijo en tono suave: “Hace meses que tengo la cita reservada, no temas, no tardaremos mucho y podremos volver a estar juntas, no me iré por siempre”.
La elfa oscura se acurrucó aun más y pasó su mano izquierda rodeando la espalda de Lyanna y la besó: “Te esperaré en la ciudad, se me ha ocurrido algo interesante”.
Lyanna dibujó una sonrisa de complicidad junto con Meiro: “Hora de que empecemos a mentirle al mundo exterior”.

La mañana transcurrió sin nada en particular, cada una por su lado hizo sus tareas habituales, Itsuhiko-kun sabía que Meiro y Lyanna partirían a la ciudadela elfica, el sumo sacerdote de Eva tendría una charla con Lyanna, para aceptarla como una nueva Orá****, parecía bastante prematuro, ya que Lyanna todavía no alcanzaba el nivel de poder que se exige a las místicas en general, pero al pertenecer a una familia honorable, si superaba esta entrevista, podría ya aspirar a tener el puesto guardado hasta que consiguiera desarrollar aun mas su habilidad, lo que tranquilizaba a Lyanna. Por el mediodía, ambas se encontraban listas para partir, y luego de una advertencia de Itsuhiko-kun, partieron.

El ocaso comenzaba a convertirse en realidad cuando ambas, luego de un viaje sin complicaciones, llegaron a la gran ciudadela elfica, las tácticas de sigilo de Meiro ayudaron a hacer el camino mas seguro.
Ya era tarde, y al día siguiente era la entrevista, al estar en un lugar remotamente controlado, no podían actuar más que como compañeras de viaje, los centinelas observaban atentamente a la elfa oscura y se le pidió que mantenga las armas en la vaina. Normalmente los centinelas atacarían a la elfa oscura solo por ser eso, pero la honorable Lyanna la acompañaba, claramente esa elfa oscura era de confiar, pero no tanto como para bajar la guardia constantemente.

La noche sucedió sin mayor emoción, una cena en la taberna local, una conversación intrascendente y un poco de sociabilidad con los parroquianos, ambas rechazaron las proposiciones y poemas de los elfos jóvenes que se les acercaban, muy educadamente. Si algo Lyanna había impregnado en Meiro, era unos modales refinados, lo que también fue comentario entre los parroquianos, y un pobre elfo que quiso hacerse el gracioso lanzando una burla alegando que la elfa oscura era la mascota de la elfa se ganó la mirada inquisidora y fría de todos los presentes, obligándolo a retirarse de la taberna. Ambas lo supieron, habían sido aceptadas.
El día había llegado, Lyanna se despidió de Meiro, mientras ella recorría la ciudad.
Entró al templo de Eva y le recordó a una de las Magíster de allí que debía reunirse con el sumo sacerdote.
La Magíster asintió y guió a Lyanna hacia la sala del sumo sacerdote y allí la dejó.
Lyanna miró al sumo sacerdote y realizó una reverencia, y el sacerdote se la contestó con un leve movimiento de cabeza.
Ante ella tenía a un elfo mayor, su piel presentaba arrugas y su cabello no era plateado, sino canoso, había perdido el brillo, con las ropas ceremoniales habituales del culto de Eva, sosteniendo un bastón enjoyado, sentado en su gran sillón, acompañado de sus dos asistentes, dos elfos de mediana edad que sostenían libros.
-“Tienes agallas de presentarte aquí Lyanna Ancalime” dijo el sacerdote con una voz áspera y cansada.
Las palabras descolocaron un momento a Lyanna, hasta que logró recomponerse e indagar: “¿A qué se refiere con eso?”
El sacerdote rió levemente e hizo un gesto hacia los dos asistentes, quienes abrieron sus libros y comenzaron a leer:

Primero el elfo de la izquierda:
“La aprendiza mística Lyanna Ancalime posee sobre ella el peso de varias muertes y asesinatos cometidos en tierras elficas, comenzando por mas importancia, la muerte del maestro arcano Khen, seguido de la muerte de diez centinelas y un humano que era el amante de la aprendiza”

Luego el elfo de la derecha:
“También hay reportes que la conducta problemática de la aprendiza llegó hacia Gludio, causando destrozos en una taberna local donde ocurrió la muerte de un elfo oscuro, que mas tarde fue reconocido como un criminal buscado en mas de tres ciudades en Aden”

Ambos elfos cerraron sus libros, y el sumo sacerdote comenzó a hablar:
“Estas actitudes no corresponden a quien desea entrar al cir**** sacerdotal, estas actitudes pertenecen a un individuo que gusta pasársela vagabundeando por allí, no es la actitud que querríamos ver de una aprendiza de padres condecorados.
Y no solo tienes el agravante que pesan muertes sobre ti, sino que además te paseas con una elfa oscura por la ciudad como si ella tuviera derecho de vivir siquiera”

La mirada de Lyanna se posó furiosa sobre el sumo sacerdote y le dijo:
“Lávate la boca antes de hablar mal de quien no conoces, además, me acusas de cosas que no han sido como se describen allí. El maestro arcano fue quien dio muerte al humano, el elfo oscuro fue quien dio muerte al maestro arcano y luego asesinó a tus guardias, y esa elfa oscura que tanto te repugna que esté aquí, fue quien me ayudó a eliminarlo, así que no creo que tu trono, tus vestiduras, tus asistentes y tus joyas lo entiendan, ni espero que así sea.”

Los asistentes se quedaron perplejos al escuchar a la elfa, y el sumo sacerdote golpeó con el puño visiblemente enojado el apoyabrazos derecho:
“Sigues teniendo agallas, veamos si la tienes ante la corte ¡APRESENLA!”

Los asistentes comenzaron a lanzar hechizos de debilitamiento, imposibilidad de movimiento y reducción de los sentidos sobre ella, hasta que solamente quedó inmóvil en el suelo. Dos guardias la tomaron de los brazos y comenzaron a arrastrarla por la ciudad. Meiro observó atónita lo que estaba sucediendo y llevó una mano a su vaina, pero se detuve y la quitó lentamente.

Uno de los asistentes se posó en uno de los balcones y corrió a viva voz la noticia: “Mañana se celebrará el juicio numero cincuenta y siete contra traidores a Eva, la aprendiza Lyanna Ancalime será juzgada por numerosos asesinatos y faltas al código moral”. Meiro rió, ¡Era absurdo!, esto no estaba bien, debía hacer algo.

Lentamente los sentidos de Lyanna volvieron y se vio siendo arrastrada, y alcanzó a ver a Meiro y le grito: “¡La promesa del Árbol! ¡Recuerda! ¡La promesa del Árbol!” y así Lyanna desapareció de la vista de Meiro.

Meiro se sintió caer en un pozo de angustia e impotencia, la promesa del Árbol había comenzado, y ella no sabía donde empezar. Lentamente comenzó a balbucear las palabras que Lyanna le había dicho hace poco tiempo bajo la sombra del Árbol Madre: “No impartas la justicia dispensando la muerte o hiriendo a inocentes, el fin no justifica los medios, solo utiliza la violencia cuando las palabras fallen o te veas en peligro mortal. No llenemos nuestras vidas de sangre, disfrutémosla lo mas limpia que podamos y no carguemos muertes ya que la culpa nos nublará y no podremos vernos mas a nosotros, sino a quienes asesinamos para unirnos.”

Un hombre se acercó a Meiro y le dijo con una voz gruesa pero grácil: “Palabras sabias, algo me dice que ella fue quien te las dijo”. Meiro observó al hombre, ella le llevaba una cabeza de altura, pero el hombre presentaba unas orejas elficas de tamaño medio y cabello colorado c**** y barba candado, sus ropajes indicaban que era un místico, como Lyanna.
-“Si, fue ella quien lo dijo, ¿Pero tu quien eres?” preguntó Meiro un tanto desconfiada.
-“Parece que he llegado en un buen momento y he podido dar con alguien de los acusados, el sumo sacerdote está siendo reemplazado por otro mas viejo y ya ha llevado varios ante el juicio, tiene una mentalidad de años inmemorables, ¿Deseas hacer algo por tu amiga? Ven conmigo y sabrás todo, no iremos lejos, la taberna servirá, piénsatelo, no tienes mucho tiempo.”, con una sonrisa calida y guiñando un ojo el místico semi-elfo partió hacia la taberna.

¿Será este un camino de salvación para Lyanna o deberá romper la promesa del Árbol?
Baenre is offline   Citar y responder