El Posadero se acercó aún más al mestizo, tanto que éste podía sentir el aliento a cerveza del enano, y el olor a alcohol que desprendía. Con un susurro gélido, casi inhumano (¿humano?), dijo:
-Catqclismo su nombre es -se estremeció ante el sólo hecho de nombrarlo- búscalo, pero ten cuidado, yo no me haré responsable si algo te pasa en el camino.
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