Una fría brisa de mañana, acariciaba el rostro del humano, sus ojos inquietos miraban al cielo, para preguntarse a si mismo… ¿Qué era lo que lo tenia tan angustiado?. De paseo por el rio, continuaba pensando en su destino, en su forma de ser, en que estaba solo. Llegaba la tarde y ya cortada la leña, decidió sentarse a mirar las estrellas… esas estrellas que siempre lo miraban… esas estrellas tan luminosas que alumbraban su humilde casa.
Era otro día, en otro mundo y el humano había decidido volver a salir de su casa, dejando escrito en su cajón, una carta para que cuando regresara, pudiera leerla, al menos para ver si avanzaba o cada día se ponía peor.
Un largo viaje, le esperaba… nunca pensó que ese viaje seria el mas largo de su vida, que en el encontraría miles de aventuras y que conocería a tantas personas. En un principio su corazón tímido y desorientado, le recordaba que tenia que volver a su casa para cuidarla, pero el místico mundo que descubrió, lo convirtió nuevamente en ese guerrero olvidado. Sentía que por su sangre volvía a correr el ardiente sabor de la guerra… el recordar de viejos compañeros lo tenían agobiado, pero dentro de el… nacía un nuevo sentimiento. La curiosidad de un nuevo mundo, la misteriosa relación que había con su pasado y la gente que empezaba a conocer.
Esa gente era diferente a lo que antes había visto… el cosquilleo en su estomago, no era de hambre <.< o tal ves si … pero el sabia que era diferente a las demás veces. Ya no quería volver a su casa, quería seguir recorriendo el mundo, al lado de esa gente tan rara. Su pasado y esta gente que empezaba a caminar a oscuras, lo tenían raro… se había dado cuenta que nuevamente su profesión de maestro le estaba surgiendo de adentro.
Sin darse cuenta la angustia que sentía en aquellas tardes de soledad se había ido. No se sentía solo, estaba acompañado por gente que a sus ojos merecía la pena proteger. Quería protegerlos y luchar a su lado… ya no era cuestión de buscar una vida mejor, si no de querer luchar al lado de tan hábiles guerreros… Quería demostrar que el no era un humano viejo y oxidado… quería demostrar que su nombre es y será el de un caballero de Notherdan , alma de Avatar, y defensor de la fe.
Los días corrían y las luchas lo entusiasmaban… las victorias que conseguía al lado de ellos y ver sus sonrisas, lo hacían sentir de una manera diferente. ¿Que era ese sentimiento que estaba dentro de el?… por que se sentía tan seguro cuando luchaba al lado de ellos. Recordo viejos tiempos… y se dijo a si mismo… “Hasta ahora nunca había peleado tan orgulloso”. El orgullo de ver a sus compañeros crecer, el orgullo de poder protegerlos durante la batalla, de ver que sus viejas experiencias, los transformaba a ellos poco a poco en guerreros hechos y derechos, en caballeros dignos de dar guerra a cualquier ser… sin importar la circunstancia para morir con honor en el ardor de una vigorosa batalla y sobre todas las cosas defender el honor que les había enseñado a mantener.
Lo mío es tuyo, lo tuyo mío, somos una familia… luchemos… caigamos, levantémonos… volvamos a la guerra, sigamos peleando, que nada nos detenga… arrasemos con todo lo que quiera intentar quitarnos nuestros sueños y sonriamos a la desgracia, por que hoy por hoy estamos unidos para pelear hasta transformarnos en la misma nada.
Orgulloso de ver a un grupo de guerreros dispuestos a pelear… pelear por el, que sus armas estén su servicio y que su confianza sea siempre inquebrantable. El tiempo lo transformo en líder, y estaba dispuesto a cumplir el sueño que había nacido desde adentro de todos ellos.
La madrugada era tibia y el viento no corría… esa sensación de que la guerra se aproximaba, ni modo decía “si hay guerra a morir luchando”… pero no se había dado cuenta que no era guerra, era el momento de cumplir el sueño.
Antes de ir en busca de ese sueño… se vio enfrente de aquella vieja casa… a la que había abandonado… una corazonada tras otra, la respiración agitada, por los viejos recuerdos que lo asediaban. “AGH AGH AGH”…. Basta de miedos le decía su mente, pero sus piernas estaban paralizadas… cruzo esa vieja puerta, con los ojos cerrados mientras recordaba sus buenos momentos. Cuando los abrió… no vio más que polvo y los leños que nunca encendió. La sonrisa amarga volvió a su cara… pero esta ves solo duro unos segundos. Carcajadas alocadas salían de su boca y saco su pipa para sentarse a enfrentar los recuerdos y dejar de castigarse por ellos.
Ya era la hora… y recordó esa vieja carta. Temblantes sus manos abrieron el cajón que la contenía.
“Saludos querido Logan… hoy, tienes miedo, extrañas a tus amigos, te sientas en el rio esperando lo que nunca va a venir a buscarte. La angustia es tan intensa que pasas noches en velas esperando que algo venga a sacarte de este lugar. Pasas las horas del dia en este sitio cultivando para comer y mirando al cielo, el viento creo que es tu mejor amigo, la lluvia debes en cuando te visita, y Mogurito, adivina… duerme. Sientes que hicisteis las cosas mal, y te culpas por las cosas que no hicisteis. Escribiendo esto ya te sientes patético sabes… y la verdad que en este momento me dan ganas de odiarte pero eres demasiado triste para odiar algo. Así es como te sientes y como vienes viviendo o debo decir sobreviviendo
Saludos humano, te deseo que mañana no sea otro dia perdido”
La sonrisa amarga volvió a su rostro, y empezó la lluvia. Sentía el susurro del viento, fuera de su casa, y en el escucho ruidos de batalla… espadas chocando con escudos. No sabia como pero sabia que no muy lejos ya había empezado la guerra y llegaría tarde. Solo en cuestión de segundos lanzo un conjuro de tele trasportación para llegar al pueblo. Su sentido de profeta le decía que sus amigos estaban cayendo en aquel castillo. Una única mirada, fría y al mismo tiempo enfocada a hacer arder la magia que estaba dentro de el. Desenfundo sus espadas… abriendo se paso entre las diminutas gotas de lluvia. Lanzo el alarido de guerra sobre pasando su nivel de vos y haciéndose escuchar en ecos por todos aden…
“Somos una familia, mientras estemos juntos no hay ser ni dios que pueda derrotarnos”
Empezó a correr empapándose en la lluvia… llegando a un destino nunca creído. No había guerra, no había nada… miro enfrente un castillo gobernado por burgueses, condes, y un rey que desconocía. Clavo una bandera esperando el momento en que llegara esa guerra que había escuchado… en ese susurro de viento… el sentido del profeta nunca se equivoca y lo advierte en los momentos mas difíciles.
Lentamente fueron llegando sus compañeros… giro la cabeza para verlos llegar uno por uno. Y esperando el momento del ataque principal. Giro para ver la fila formada y decir orgullosamente a todos. ¡NOSOTROS SOMOS COTS! ¡HORA DE CUMPLIR EL SUEÑO!.
Todos ellos cayeron… Pero no se detuvieron, se levantaron una y mil veces durante semanas… la lluvia no cesaba y los Dioses desde los cielos rieron a carcajadas. Dijeron que seria imposible….
En su mente, acompañada con una sonrisa, que llenaba de valor a sus hombres.
"No hay ser ni Dios que pueda derrotarnos ilusos"
No seria la primera ves que se equivoquen. Tanto tiempo de guerra, en un mismo lugar, izo que el ideara un plan único, con una sola oportunidad de victoria.
“Tu infíltrate, y toma el reino… acaba con esos cristales que les da fuerza, nosotros causaremos la distracción perfecta para que puedas pasar entre los guardias. “
Señores de Gludio… el sueño echo realidad
Sentado en su trono, tomo el papel entre sus manos, y su corazón permaneció tranquilo, el sabia que ya no era esa persona… de la cual hablaba esa carta. Y frente a el, un nuevo amanecer para cuidar lo que aprendió a querer.