Capitulo IV (Parte V)
Necesitaba un momento para pensar y meditar en todas aquellas dudas, pero la posición del sol en lo más alto del cielo, le indicaba, que no podía disfrutar de tal privilegio.
Volvió los ojos al lugar por donde Aisha se había marchado. “Ojala pueda verte esta noche”, susurró mientras desaparecía lentamente de aquel lugar para volver a su lugar de origen.
Para los humanos aquel paraje sería lo más parecido al paraíso que se describe en sus libros de viejas y absurdas creencias. No existía palabra, sentimiento o expresión en cualquiera idioma humano para definir aquella belleza. Todo el lugar estaba completamente formado por paredes de hielo de un color azul verdoso. Aún a pesar de que todo aquello lo habían construido los dragones para poder vivir en paz, daba la sensación de que aquella obra, sólo podía haber sido creada por la misma naturaleza, pues todo lo que allí se podía contemplar, parecía haber estado allí desde el principio de los tiempos.
Seguramente no existía nada más hermoso en todo el mundo conocido y que aún estaba por conocer, una imagen digna del sueño más hermoso producido por el corazón más puro de la persona más inocente. Pero no todo lo hermoso ha de ser siempre bueno, y en aquel mismo instante, era lo que Driangor pensaba.
Antes siempre se alegraba de ver aquel sitio, pues pensaba que era el lugar más seguro del mundo, el único al que antiguamente podía llamar hogar. Pero su forma de ver aquel paisaje había cambiado totalmente, todas aquellas sensaciones pasadas, ya formaban parte de la antigüedad. Ya no percibía el nido del dragón como un lugar familiar, pues sentía como su verdadera casa estaba muy lejos en aquel momento. Ahora, aquel panorama, no era más que una zona de paso temporal o al menos era lo que él deseaba.
A medida que caminaba entre sus hermanos, estos le miraban con expresiones varias como incertidumbre, asombro o resentimiento. Todo ello, era debido a que aún a pesar de estar allí, junto a decenas de dragones, seguía manteniendo su forma humana, y eso era lo que los que lo veían, no entendían.
- ¿Qué estas haciendo? -. Le preguntó un enorme dragón negro que se interpuso en su camino. Era mucho más grande que Driangor y su apariencia era infinitamente más temible.
- Vengo a ver a mi padre. Apartate Gargant -.
- No preguntaba a donde te dirigías, sino el por que caminas entre nosotros bajo esa forma. Es un insulto no sólo a tu sangre, sino a todos los nuestros-.
- Eso es una tontería, pues sabes de sobra quien soy. ¿Qué más da la apariencia con la que vaya? -.
- Este es un lugar sagrado, limpio de todo rastro de esa escoria humana. Jamás sus pies han ensuciado este santuario. Y aunque tu seas un dragón, al mantener esa forma absurda, lo estas manchando todo con su presencia. Parece como si no sólo nos insultaras a nosotros, sino también que niegas de tu descendencia celestial -.
No hubo ninguna respuesta o contrariedad ante aquella explicación, solo silencio. Mientras que el dragón negro esperaba que Driangor le increpara o se enfrentara a él, este sólo se le quedó mirando con una expresión de pena.
- Siento lástima por ti, ha pasado mucho tiempo desde la ultima vez que los humanos se enfrentaron a los dragones, y aún así, te comportas como si hubiera sucedido ayer mismo, vives en el pasado Gargant, y eso odio que sigues profesando hacia ellos, acabara por consumirte completamente, cegándote -.
- ¿Cómo te atreves? No eres quien para decir lo que esta bien o mal. Tú, un dragón que no sólo intenta comportarse como un humano, sino que además pareces sentir algo por uno de ellos -.
Fin Parte V
p.D: Muchas gracias por vuestros comentarios

Kimbo esta historia, si te das cuenta, el nick de la persona que la ha publicado en la pagina anterior de GZ es el mismo, es decir, soy yo, lo que pasa que la publique aqui, puesto que ya apenas se iba a usar el foro anterior de GZ. Además en el anterior foro solo he publicado creo hasta el capitulo II o III, con lo cual todo lo que he escrito hasta ahora no he podido copiarlo y pegarlo xD