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Re: Los Ojos de la Inocencia
Capitulo IV (Parte I)
Todo estaba en silencio, no había sonido alguno. Parecía que el tiempo en aquel lugar se hubiera detenido, como si de un sueño se tratara. Al menos era lo que pensaba Aisha, desde el momento que vio a Driangor. No sentía nada más, no pensaba en nadie más. Sólo, en ese momento, lo más importante era él, haciendo que cualquier otra cosa más, fuera una nimiedad.
El joven dragón sonrío y empezó a acercarse lentamente a la joven caminando sobre la superficie del agua, con un movimiento tranquilo, como si formara parte de aquel lugar. A cada paso que daba hacia Aisha, un sentimiento no sólo de seguridad, sino también de alegría le empezaba a invadir.
Cuando llegó hasta ella, esta no pudo decir nada. No sabía que decirle, había deseado tantas veces poder verle, que ahora que estaba delante de él, no sabía que hacer. Aunque su corazón le decía que él era aquella persona por la cual estuvo todas las noches contemplando el cielo estrellado, en su interior, temía que este fuera otro de sus muchos sueños. Un simple mecanismo de su mente para que su corazón no sufriera por no poder verle. Y como en todas esas ocasiones ficticias, deseaba no volver a despertar, quería quedarse en aquel lago, sin tener que ir a ningún otro lugar.
Su mente no paraba de pensar en infinidad de cosas, situaciones y sensaciones cuando sintió una caricia en su mejilla que la liberó de toda preocupación. Levantó los ojos y mirándole, tomó la mano de Driangor y se la acercó más a su cara. Quería sentirla mas cerca, asegurarse de que era real.
-Me alegro de volver a verte Aisha -.
La joven soltó su mano y empezó a golpear débilmente el pecho de Driangor.
-¿Por qué no volviste?¡No sabes cuanto he sufrido!-.
El joven dragón la abrazó fuertemente y susurrándole con dulzura al oído, pero con un tono de profundo pesar le dijo:
-Siento mucho todo el dolor que te he causado, ojala pudieras perdonarme -.
Aisha se quedó por un momento quieta, sin decir y hacer nada, sólo sintiendo el abrazo de Driangor, y sin poder resistirlo, empezó a llorar.
No supo el tiempo que permaneció allí, abrazada y llorando. Pero algo le decía, que había estado bastante tiempo, y aún así, Driangor no dijo ni hizo nada, como si pensara, que en aquel momento, lo único y mejor que podía hacer era dejar que llorara, como una muestra no sólo de afecto sino también de sentimiento de culpa.
-¿Te encuentras ya mejor?-. Preguntó el dragón, cuando se percató de que Aisha había dejado de llorar.
La chica simplemente asintió sin apartar sus ojos de los de él. Aún le quedaban algunas lágrimas en su cara, pero su rostro ya no mostraba dolor, sino felicidad. El joven, acercó su mano a la cara de ella y le retiro las lagrimas de sus mejillas y le volvió a sonreír con ternura. Se separaron y se sentaron mirando hacia el lago.
- ¿Por qué has tardado tanto en venir?¿Es que no querías volver a verme?-.
- No, nunca digas eso por favor-.
- Entonces…¿por qué?-.
- Es por la Ley de los Dragones-.
- ¿Ley de los Dragones?-.
- Sí, antiguamente, en el mundo, había infinidad de hermanos míos surcando los cielos libremente, sin que nadie les molestara… hasta que los humanos llegaron. No sé si fue por envidia de nuestra fuerza y majestuosidad o por la necesidad que poseen la mayoría de ellos de matar todo lo que ven. Hace ya varios milenios de aquella fatídica época, o como nuestro pueblo la llama “La Era la Agonía”. En aquellos tiempos, hubo una guerra entre dragones y humanos según estos, y una necesidad de defenderse según mis hermanos. No sé cuantos de mis hermanos murieron en ese tiempo, pues aún no había nacido, pero lo que sí se, por lo que me han podido contar mi familia, y lo que he conseguido leer en los libros de los humanos, es que nuestra especie fue llevada casi a la extinción. Los pocos que quedamos, como ya te conté la anterior vez, nos escondimos a los humanos de muchas maneras, volando a lugares lejanos e inaccesibles para ellos, ocultándonos en grandes y profundas cuevas o incluso mezclándonos con vosotros. Tenemos varias leyes, pero sólo una principal y casi sagrada, que es la de evitar en todo momento, no sólo que los humanos nos vean en nuestra forma original, sino también la de tener contacto alguno con cualquiera de ellos-.
-¿Cómo supieron lo de aquel día?-.
- Mi padre, el líder de nuestro clan, puede leer el pensamiento de cualquier ser, y más fácilmente el de sus hijos. Cuando supo lo que había hecho, no solamente me prohibió volver a verte, sino también me ordenó que borrara de tu mente todo lo que había pasado aquella noche, pero al negarme a hacerlo, me encerró en una cueva como castigo por haber roto la primera y mas sagrada de nuestras leyes y así, evitar también que pudiera volver a verte-.
Fin Parte I
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