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Historias de un Mestizo en tiempos medievales
VOLUNTAD Y DESEO
Después de una larga caminata Hell pudo llegar a su hogar sano y salvo, algo bastante peculiar porque siempre se suele perder entre los bosques y desvíos, pero mejor no seguir adelante con esa parte de la historia por respeto a al personaje principal. Habiendo llegado a su morada pudo notar un gran desorden y algo bastante pegajoso en el piso, al palpar ese líquido viscoso se dio cuenta inmediatamente que era sangre y para colmo su amada no estaba en la casa. Temiendo lo peor se dirigió a las cercanías del valle oscuro, pensando que todo podía ser parte de una represalia de parte de sus medios hermanos los drows, sabiendo por experiencia propia que el miedo de una raza podía ser bastante dañino para cualquiera. No tuvo más que subir una montaña para darse cuenta de la cruda realidad, a no menos de unos cuantos metros diviso a su amada siendo insertada en un féretro y a Cupi escoltándola hacia lo que pareciese un cementerio drow, no muy lejos de el servicio fúnebre pudo reconocer a Alibeth llorando desconsoladamente. Tratando de acercase lo mas posible se refugio en lo alto de un árbol, justamente en el cual Alibeth havia elegido para reposar su agotado cuerpo después del funesto enfrentamiento. No paso ni siquiera un segundo en calma que Hell le pregunto a Alibeth: “¿Qué le paso?, ¿Quién lo hizo?”, su amiga que no sabia de donde salía la voz de Hell pero estaba segura de que era el no hizo mas que mirar discretamente hacia arriba y contestar: “Marcos, volvió de su descanso para torturarnos con su presencia fantasmal”. No entendiendo exactamente a que se refería, Hell pregunto: “¿Cómo pudo ser Marcos?, si el esta muerto”, ella largo una lagrima de odio y dijo: “Pero al parecer volvió del mismísimo infierno esperando haberte encontrado para asesinarte, tomando el cuerpo de Ringwen como receptor, pero para mi mala suerte el maldito me encontró a mi primero”. Mostrando una mueca de rabia y tratando de todas las maneras posibles disimular su dolor, Hell pregunto: “¿Qué tiene que ver Cupi en todo esto?”, Alibeth puso una mano en el estuche donde yacía su daga y dijo: “Si te refieres al elfo oscuro que acompaña al servicio fúnebre, puedo decir que si no fuese por el yo estaría muerta en este momento”. Mientras miraban la despedida que daban los drows a Ringwen mientras la enterraban Alibeth dijo: “Por favor Hell no hagas mas preguntas por el momento, cuando allá podido recuperarme de todo esto te contare con detalles que paso”, Hell volvió a tratar de soltar una lagrima con todas sus fuerzas, pero esta vez por su amada, y logro conseguir un pequeño goteo de sangre de sus ojos como aquella vez en el pueblo maldito y dijo: “Entendido”. Cuando Alibeth levanto la cabeza a razón del goteo de sangre que la salpico pudo percibir que su amigo ya se havia ido.
Largas horas en la oscuridad paso Hell preguntándose porque el maldito destino y los crueles dioses hacían que el pase los momentos mas tristes y infortunados de su vida, que era lo que havia hecho el para merecer tal castigo y con tanta saña. Millones de preguntas atormentaron su mente mientras se refugiaba en lo más oscuro de su cuarto cuando una simple respuesta le vino a la mente y dijo: “La maldita voluntad de Kain”, después de tal resolución no hizo más que levantarse de su oscura prisión y decidió buscar al cuerpo de su amada, tomo su escudo, su espada y se preparó como si una guerra lo esperaba aya afuera. Al abrir la puerta se dio cuenta que el cielo estaba tan negro como el color de su piel, decidió actuar y se dirigió al cementerio privado de los drows. Al llegar noto que lo único que lo acompañaba y vigilaba era la mismísima soledad, se dirigió a la tumba de Ringwen y usando su escudo como una pala empezó a escarbar la tierra para sacar el cuerpo a la superficie. Después de un arduo trabajo pudo escuchar como su escudo se havia topado con el féretro por el ruido que se produjo cuando impacto con el mismo, largo el escudo y empezó a escarbar la tierra con las manos. Al destapar el féretro de la tierra que lo rodeaba se decidió a abrirlo y saco a su amada con la mayor delicadeza posible, al salir del no tan pequeño hoyo que havia cavado tomo su escudo y se dirigió al altar de los ritos de los elfos oscuros (el mismo se utiliza hoy en día para recibir a los pequeños guerreros y magos drows y convertirlos en fieles, fuertes y experimentados caballeros, sacerdotes u profetas de la diosa Shilen) con una sola cosa en la mente.
Al llegar coloco el cuerpo sin vida de su amada sobre la mesa de sacrificios y pronunciando unas palabras que su preciado padrastro le havia enseñado. Un fulgor rojo apareció por arriba del cuerpo de Ringwen y pregunto: “¿Quién osa llamarme?”, Hell sabiendo muy bien con quien estaba hablando dijo: “Soy yo, el arma mas preciada de tu padre”. Fue con esa respuesta que la bola roja de energía genero un rostro un tanto aterrador, hasta perceptible para Hell que aun ciego podía verlo entre tanta oscuridad. El ya formado rostro rojo pregunto a Hell: “¿Para que molestas a la diosa de los elfos oscuros?, mas vale que tengas una buena razón para hacerlo si no quieres sufrir una eternidad”, al escuchar tal pregunta y tal declaración lo único que pudo pensar en ese momento Hell fue: “Mas de lo que estoy sufriendo en esta vida no creo”, pero las únicas palabras que salieron de su boca fueron: “Quiero hacer una petición, mas bien un trato”, al escuchar tales palabras la figura largo una carcajada diabólica, como si hubiese leído los pensamientos del ciego y dijo: “Muy bien se le devolverá a Ringwen a la vida y tu cumplirás los deseos de mi padre”, generando una mueca de placer: “Mi poder se encargara de que ti cumplas los deseos de mi padre Kain”. No habiendo pasado un segundo de tales declaraciones por parte de la diosa Shilen la figura roja hizo una pequeña explosión de la cual salieron dos bolas de energía una roja que fue a parar a la cabeza de Hell y otra blanca que fue directo al cuerpo de Ringwen.
Momentos mas tarde una figura un tanto conocida para Hell se acerca y le dice: “Acabas de sellar el destino de cada criatura de Aden con aquel pacto que realizaste”, mientras escuchaba las palabras que salían de la boca de Thiefell, Hell solo se podía concentrar en el tremendo dolor que asediaba su cabeza desde que la bola de energía se havia adentrado en la misma y empezó lentamente a recobrar la visión y las glóbulos oculares que havia perdido por esa nefasta quemadura. Lo primero que pudo ver es la cara del sacerdote la cual le inspiro tales palabras: “No tu lo sellaste en el momento que decidiste desterrarme de tal cruel manera abuelo”. Sin más que decir se dirigió al cuerpo de su amada que yacía en el altar y al verla lo único que pudo decir en ese momento fue: “Eres tan bella como te imagine amada mía”, mientras volvía a taparse los ojos con una venda que llevaba en sus bolsillos en el caso de tener que utilizarla como método curativo. Queriendo intentar una charla mas duradera Thiefell se acerco a Hell preguntando: “¿Esta viva?, ¿la diosa Shilen cumplió su parte del trato?”, el miro con una pequeña sonrisa en su mueca y dijo: “Si, puedo oír su respiración, es solo que esta dormida por el cansancio de su cuerpo”, el sacerdote miro la Hell y le pregunto: “¿Tu que piensas hacer ahora?, no creo que puedas aguantar mas el deseo de Shilen y Kain”, Hell se dio vuelta y le regalo una ultima sonrisa diciendo: “Volver al lugar que me enviaste la ultima vez, pero esta vez no como un desconocido sino como uno mas de ellos, pienso internarme en lo mas profundo de SODA para no volver”, volvió la miríada a Ringwen y continuo: “Además llevo como recuerdo el rostro de mi amada para no sentirme solo”. Después de su pequeño discurso de despedida se acerco al sacerdote y le dijo: “llevadla contigo a la ciudad de los elfos oscuros y cuídala hasta que pueda despertar, pero no le digas de mi paradero, nadie debe sufrir mi decisión”. El mestizo se aparto del sacerdote y de su amada que descansaba en el altar de sacrificios y siguió su camino hacia SODA, mientras se desvanecía entre las sombras del bosque Thiefell le dedico unas ultimas palabras:”Se hará como tu desees esta vez nieto mío”. Horas mas tarde Ringwen pudo percatarse que estaba en un cuarto y estaba viva, a su alrededor estaba el sacerdote Thiefell, lo único que llego a preguntar fue: “¿Acaso Alibeth llego a tiempo para que me curasen?”, el sacerdote miro con una mueca de tristeza y le contesto: “Si, y fue informada por uno de mis mensajeros, te esta esperando en tu cabaña”, lo único que pudo pensar en ese momento Ringwen fue: “Si ella esta en mi cabaña de seguro estará explicándole a Hell lo que aconteció, debo apurarme de seguro mi amado debe haber llegado de su viaje”. Sin más palabras que decir Ringwen se levanto de su cama, le dio las gracias al sacerdote por los cuidados y se preparo para realizar el viaje de retorno a su hogar. Mientras se alejaba y saludaba a la gente que pasaba en su camino el sacerdote no pudo parar de pensar: “¿Qué será de esta pobre niña al saber la verdad de lo acontecido?, ¿Qué tan sabio fue el camino que elegiste nieto mío?, solo el destino nos respondería tales preguntas”. El sacerdote volvió a sus quehaceres y dejo que Ringwen marchase sin decir nada.
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