EL SEGUNDO ASALTO (Parte 1)
Mientras todos observaban anonadados lo que acontecía en la arena, el orco Voodoo no podía para de emocionarse por lo que pasaba, el mismo se sentía mas que listo para medirse contra la fuerza del vástago, hasta tal punto que llego a gritar: “VAMOS!! VEN CON TODO LO QUE TIENES VÁSTAGO DE LA DESTRUCCIÓN”, pero la respuesta que recibió no fue para nada grata. En un instante HellMetalero se encontraba a espaldas del orco jadeando de forma diabólica, como si de la boca emanase las almas que habían sido enviadas directamente al infierno para pagar sus pecados en vida. Aquella expresión en su rostro no podía mas que traer temor a todos los presentes, entre ellos su amada que estaba decidida a dar un paso al frente para detener la batalla con su hijo en brazos. Aquellos oscuros recuerdos no hacían más que atormentarla más y mas, mientras miraba a su amado convertirse en un completo monstruo lleno de sed de sangre, pero cuando pudo reunir el coraje suficiente para mover su cuerpo, este mismo fue súbitamente detenido por el brazo de Keyzzer, quien dijo para disculparse por su acción: “Observa un poco mas… Mas allá de ese aspecto aterrador”, siguiendo ese consejo Ringwen pudo observar que algo era diferente, algo le decía que el vástago no era quien tenia el total control del cuerpo del mestizo.
Mientras tanto el orco Voodoo miraba desesperado a sus costados y al frente buscando a su contrincante, hasta que una voz proveniente a sus espaldas dijo con un tono bastante diabólico: “Si realmente quieres pelear conmigo tendrás que ampliar los horizontes de tu tan corta vista”, esas palabras develaron la posición de su contrincante obligando al orco a girar en noventa grados impulsado por su arma, que pretendía cortar en dos el cuerpo de su contrincante, pero si éxito alguno ya que cuando termino de realizar el giro pudo observar que el cuerpo de su enemigo no estaba en aquella posición y cuando pudo alzar su mirada para obtener la nueva posición del mestizo todo lo que pudo ver fue el impacto directo de una bota color cobre en el medio de su rostro. El golpe fue tan impactante que mando a bolar al orco unos cuantos metros dando la primer ventaja de la batalla al mestizo, quien no hacia mas que carcajear de una manera tan oscura que incluso haría estremecer a los demonios del mas bajo mundo alguna vez concebido.
Mientras tanto en la entrada del coliseo Ringwen que estaba a punto de salir al encuentro de su amado, descuido completamente el hecho de que tenia a su hijo en brazos y que el mismo pudo ver una de las tantas apariencias de su padre. Aquel demoníaco rostro no hizo más que llenar de pavor y miedo al pobre de Elessar, quien tiritando pregunto: “¿Aquel ser tan maligno es mi padre?”, señalándolo con el dedo índice de su mando derecha mientras estaba ocultando su rostro en el hombro de su madre. Por alguna extraña razón, en ese mismo momento las carcajadas de HellMetalero cesaron para escuchar la pregunta que planteaba su hijo, lo cual no pudo evitar que su enardecido rostro virase en la dirección que se encontraba su hijo. Al ver el temor de su hijo y aquel dedo índice que tan abiertamente apuntaba hacia su cuerpo, el mestizo miraba con tristeza y aquella flama que se había prendido, producto de la pelea con el orco, fue lentamente desapareciendo de su rostro para dar paso a una expresión aun más triste. Pero aquella expresión no había venido sola, con ella millones de preguntas y suposiciones empezaban a circular por la mente del mestizo con la fuerza y fluidez de una cascada. En el otro costado de la arena Voodoo se reincorporaba del golpe recibido por la fuerza del vástago y muy motivado por el acontecimiento se había abalanzado sobre el mestizo con una fuerza aplacadora, al mismo tiempo que levantaba su gran espada por sobre sus hombros para realizar una sorprendente estocada, pero mientras que corría en dirección a su objetivo, pudo notar que algo no andaba bien, el rostro de su adversario ya no era tan temible como en aquella ocasión donde había desatado su fuerza oculta y a medida de que se acercaba con su mas temible rugido de pelea podía ver que el mestizo no estaba prestando atención alguna y por sobre todas las cosas, podía observar que tenia sus espadas casi apoyadas en el piso, como si el peso de las mismas fuese demasiado para el cuerpo de aquella persona. Intentando no distraerse continuo con su carga, hasta que llego al lado del cuerpo de su contrincante para finalizar la estocada, dándose cuenta que el mismo seguía sin prestarle atención alguna. Tanto enfureció al orco este hecho que la estocada finalizo cerca del hombro derecho del mestizo, pero la misma no hizo ningún daño sobre el cuerpo de su contrincante y mientras lentamente retiraba la espada, para colocarla en su hombro, dijo en voz alta: “LAMENTABLE”. Estas palabras llamaron la atención de todos, incluso la de Elessar quien estaba derramando lágrimas del miedo que le había causado la expresión de su padre. El orco tomo al mestizo por el cuello con su brazo libre al mismo tiempo que dirigía su atemorizadora mirada hacia el pequeño Elessar y al mismo tiempo gritaba: “MOCOSO”, mientras el orco gritaba esas palabras Keyzzer le estaba indicando a Ringwen que bajase a Elessar de sus brazos y dejase que se valiese por sus propias fuerzas. Cuando el pobre joven estaba de pie mirando la lamentable escena que se estaba generando en la arena, pudo escuchar el grito del orco que decía: “TU INFUNDADO MIEDO VA A MATAR A ESTA PERSONA”, esas finales palabras trajeron un tormento aun mayor a aquel joven que pudo percibir con sus pequeños ojos algo mas horroroso que el rostro de su padre al momento de liberar el poder del vástago. Aquella aterradora imagen nada más y nada menos que ver como su padre era asfixiado con una sola mano de aquel orco, que a los ojos de Elessar había tomado el puesto de la persona más malvada que había conocido. Aquel pobre joven no podía soportar ver una escena tan triste y con todas las fuerzas de su corazón decidió contestar los gritos del orco diciendo en voz alta: “LU…LUCHA CON TODAS TUS FUERZAS… NO…NO IMPORTA…YO SE QUE NO ERES ESE SER MALEVOLO QUE CUENTAN POR AHÍ”, aquel titubeante pero firme grito a la vez, no era dirigido al orco, sino a su padre. Aquellas palabras habían despertado las fuerzas para pelear del mestizo, pero esta vez con una razón distinta para ganar esta batalla. El mestizo sentía como el poder volvía a su cuerpo y las dudas se disipaban.
El orco se mostraba un tanto sorprendido por la fuerza de voluntad que tenia aquel joven quien a pesar de haber visto la cara de un terrible demonio aun confiaba firmemente en el padre que vivía en el mismo cuerpo. Pero aquella fascinación hizo que se olvidase de lo mas importante por unos segundos, que estaba sosteniendo con una mano a una persona distinta esta vez, cuando pudo dirigir su mirada hacia su contrincante pudo observar que el fulgor rojo en el mestizo había vuelto. Pero fue demasiado tarde para contrarrestar la fuerza que el mestizo ejercía sobre su brazo, y mientras era doblegado pudo sentir un leve susurro que decía: “Gracias”, proveniente de los labios de HellMetalero. Pero esa no era razón suficiente para no propinar un nuevo golpe, esta vez dirigido al estomago del orco, quien nuevamente fue forzado a retroceder.